The One.
Y ahí estabas de nuevo.
La misma hora. La misma linea de metro. Como una obra de arte que es exhibida a la hora más concurrida. Suspendida en el tiempo apareces como una epifanía divina.
Yo. En estado de limerencia profunda solo te observo.
Entre sombras grises y estatuas de rostros duros que se mezclan con la rutina diaria, conviertes un momento cotidiano y desgraciadamente efímero, en la serendipia más perfecta de la vida.
Tu presencia etérea ilumina el sendero que pisas dando color a la vida, y dando vida a lo inerte.
Y en un segundo de 20 minutos, ya no estás. El sonido regresa. Las aves se van. Las flores marchitan. Todo es gris de nuevo. Todo es normal.